
Menorca ha sido, desde la prehistoria hasta tiempos muy recientes, lugar de paso de distintas culturas a causa de su situación estratégica en el centro del Mediterráneo occidental, que ha propiciado que desde los albores de los tiempos diferentes pueblos hayan codiciado la isla como puerto de escala y refugio.
A partir de los años ochenta ha sido el turismo el sector con más desarrollo, lo cual ha ocasionado una ocupación del territorio que ha llegado amenazar la imagen que los mismos turistas tienen de la isla, y que se ha ido frenando gracias a la declaración de Reserva de la Biosfera y de la conciencia popular existente por su preservación.
La oferta cultural es amplia y variada en Menorca. Especial atención se merecen los numerosos poblados y monumentos prehistóricos, repartidos por todo el territorio insular: la Naveta des Tudons, Torralba den Salord, Torre den Gaumés o Cales Coves, entre muchos otros.
Los museos son numerosos: Museu de la Natura en Ferreries; Museu Diocesà y Museo Municipal des Bastió de Sa Font en Ciutadella; Museo de Menorca y Museo Hernández-Sanz en Maó; y el Museo Militar y el Fort de Marlborough en Es Castell.
Los principales acontecimientos culturales del año son la Semana Internacional de la Ópera, en Maó; el Festival de Música d'Estiu y los conciertos de la Capella Davídica en Ciutadella; además de los festivales internacionales de órgano en Santa María, Maó, y la Catedral, Ciutadella.
Además, los conciertos de jazz están en auge y cada vez más se incorporan a la oferta musical de la isla.
El 8 de octubre de 1993 la isla de Menorca fue declarada por la UNESCO Reserva de Biosfera.
Las Reservas de Biosfera son lugares del planeta donde se experimenta el concepto
de desarrollo sostenible. Es decir, son territorios donde la actividad humana
se desarrolla de manera compatible con la conservación de los recursos
naturales, con el fin de asegurar su persistencia para las futuras generaciones
de habitantes y visitantes de la isla."
El caballo es el protagonista de todas las fiestas populares que se celebran a lo largo del verano menorquín. Desde junio a septiembre, los caballos y sus jinetes, vestidos de blanco y negro los primeros, y adornados con lazos, bordados y claveles multicolores los segundos, reviven cada año un ritual que nace a principios del siglo XIV.
El calendario de fiestas populares es: